«Emprender con seguridad» ¡qué concepto más raro!

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«Emprender con seguridad» ¡qué concepto más raro!

Necesidad de equilibrio entre aventura y seguridad

Hace unos días escribí un artículo  en la web de Barcelona Mentoring sobre algunos elementos clave que, según mi experiencia y la de otras muchas personas emprendedoras, se deben de tener en cuenta a la hora de comenzar un proyecto de negocio propio, si se quiere contar con una cierta SEGURIDAD como emprendedores.

Hoy quiero explicar las razones que me llevan a trabajar en este campo: el de la formación y el acompañamiento para la capacitación (y ¿por qué no? la “protección”) de aquellas personas que piensan en el emprendimiento como su salida profesional preferente.

Un poco de historia

Hace ahora 30 años que comencé mi propio proyecto como emprendedor industrial. Se trató de una pequeña empresa de transporte especializado en Barcelona.

Todo empezó cuando un conocido me explicó una idea innovadora que quería desarrollar y, después de analizar la propuesta unos días (básicamente, “consultándolo con la almohada”), creamos una sociedad y nos lanzamos a la piscina del emprendimiento.

Hicimos un estudio de mercado (muy casero), pedimos asesoramiento financiero, preguntamos a conocidos y a profesionales del sector en el que se iba a desarrollar el proyecto e hicimos un estudio económico previo, aunque sin un asesoramiento especializado.

Para no alargarme en exceso, diré que la empresa estuvo en funcionamiento durante 22 años, de los cuales, sólo puedo considerar que 3 ó 4 de ellos fueran de una rentabilidad satisfactoria, es decir, que me permitiera disfrutar un poco de la vida y de mi familia. El resto del tiempo tuvimos resultados de diferente nivel pero nada relevantes, y siempre con una excesiva demanda presencial de los socios en el día a día del negocio, porque la insuficiente rentabilidad de la empresa nunca nos permitió contar con todos los empleados necesarios para proporcionar el servicio permanente que ofrecíamos a nuestros clientes, 24 h al día los 365 días del año.

El proyecto me ilusionó al principio porque, siendo yo una persona creativa, representaba una gran innovación en su sector y este reto motivaba el desarrollo de mis capacidades, incluso descubriendo algunas de las que ni siquiera tenía consciencia de que formaran parte de mis recursos personales.

Durante los primeros años, mi dedicación al trabajo fue casi constante, ya que no pudimos tener empleados hasta los 4 años de recorrido, aproximadamente, con lo que mi vida social acabó siendo inexistente. Por suerte, mi relación de pareja se salvó… hasta que llegaron nuestros hijos al mundo.

Empiezo a darme cuenta de que algo no va bien

Cuando fui padre por primera vez se agravaron mis problemas relacionados con la empresa, por las lógicas responsabilidades adquiridas que también reclamaban mi atención, y a las que no podía atender como yo hubiera querido por mi dedicación obligada al negocio: ¡un desquiciante círculo vicioso!

Al nacer mi segundo hijo, mi carácter y mi forma de comportarme se convirtieron en una pesadilla para mi familia, agobiado como estaba por una presión descomunal causada por la falta de compatibilidad entre la dedicación que me exigía la empresa y la que le debía al resto de mis responsabilidades, como padre y como pareja, lo que contribuyó a que me sintiera un esclavo del trabajo y me causara una seria depresión

A los 11 años de nuestro comienzo, se deshizo la sociedad y me quedé al frente de la empresa como único responsable, lo cual fue la causa de una de las mayores catástrofes de mi vida: hipotequé un inmueble familiar para, entre otros gastos e inversiones, hacer frente a la compra de las acciones de mi socio y emprender aquella nueva etapa en solitario.

Otra equivocación por mi parte fue la de no escuchar a varias personas, entre ellas mi mujer, que me advirtieron de una serie de peligros relacionados con mi manera de gestionar la empresa.

¡Craso error!

Mi falta de perspectiva, al estar completamente obcecado por mis ideas respecto de la empresa y su funcionamiento, me impidió ver las maniobras que estaban realizando personas cercanas a mí para aprovecharse de mi negocio de forma fraudulenta, lo que me causó serios perjuicios de diferentes tipos.

El comienzo del fin

Un conjunto de circunstancias, entre ellas mi obstinación por seguir haciendo las cosas a mi manera, hicieron que mi mujer se separara de mí, después de casi 15 años de convivencia y de compartir el nacimiento y la infancia de dos estupendos hijos.

Y, todo esto ¿para qué?

Para acabar unos años después, en plena crisis económica, cerrando la empresa y sin poder pagar la hipoteca que había contratado tiempo atrás, por lo que perdí aquella vivienda que había sido la residencia de mi madre durante una buena parte de su vida.

Esto que acabo de explicar no es ninguna “historia” de ficción ¡es totalmente cierta!

Y no sólo eso, sino que también es muy común; a lo largo de los años he conocido a muchas personas con trayectorias parecidas.

¿Para qué explico todo esto?

No es para meter miedo a los que piensan en emprender un negocio, aunque lo pueda parecer, sino para generar una sana reflexión que lleve a esas personas a prepararse lo mejor posible si, una vez hechos sus “deberes” (de forma profesional, no en plan “casero” como hice yo), aún siguen convencidos de que esta es su mejor opción profesional.

Mi intención es compartir toda mi experiencia y conocimientos para que se tenga en cuenta la necesidad de que los futuros emprendedores contemplen una serie de aspectos, tanto sobre cuestiones económicas como emocionales y afectivas, que no se suelen explicar en las formaciones y charlas para emprendedores, pero que considero tan importantes, o más, que saber hacer un buen plan de negocio.

Imagen de Susanne Jutzeler, suju-foto en Pixabay

Básicamente, son 4 claves para emprender con seguridad las que necesitamos tener en cuenta, si queremos que esa idea que tanta ilusión nos causa pueda mantenerse como un negocio próspero durante mucho tiempo y, sobre todo, aportándonos satisfacción personal, además de simple rentabilidad económica.

Emprender con seguridad es mucho más que emprender, es comenzar nuestra aventura con mayores probabilidades de éxito y de continuidad, al eliminar (o prevenir) algunos de los “peligros” que la pueden hacer fracasar a medio o largo plazo, causándonos serios perjuicios y no sólo en el aspecto económico, que no es el único importante para todo ser humano.

¿Quieres protagonizar otra historia como la mía?

¡Tú decides! Emprender con seguridad o, simplemente, emprender…

Imágenes libres de derechos. Fuente: Pixabay.


 

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