Mi experiencia como emprendedor: el punto de inflexión en mi empresa

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Mi experiencia como emprendedor: el punto de inflexión en mi empresa

Como ya comenté en los artículos iniciales, mi empresa tuvo un recorrido de 20 años, lo cual da para vivir experiencias de muchos tipos… tanto buenas como menos buenas.

En nuestro caso, al cabo de unos 13 años de funcionamiento se produjo un desagradable hecho que causó un cambio radical en nuestra trayectoria -y en mi vida-, ya que acarreó diversas y graves consecuencias, la más importante fue la disolución de la sociedad, quedándome yo en solitario al frente de la empresa.

El factor desencadenante fue el constatar que la mujer de mi socio, que colaboraba en la gestión de la contabilidad, había estado robando dinero de la empresa durante 3 años, como mínimo. Se trataba de cantidades que sustraía de la mayoría de las liquidaciones que hacían los conductores, por servicios que habían cobrado al contado, sobre todo de los clientes particulares.

Haciendo de detective

Desde tiempo atrás yo tenía el presentimiento de que algo de este estilo estaba pasando, pero nunca me atreví a investigarlo debido a que sentía un miedo irracional a enfrentarme con mi socio, por unas cuestiones que no es relevante que mencione en este momento.

Finalmente, aprovechando las vacaciones de mi socio y su familia (su hijo mayor también trabajaba en la empresa), me decidí a tomar cartas en el asunto y fui comprobando todos los servicios realizados, las liquidaciones hechas por los conductores y los asientos de caja que hacía la mujer de mi socio. Al cabo de unas semanas llegué a la conclusión de que, por lo menos durante 3 años, esa señora había robado a la empresa un total de 24.000 euros, aproximadamente.

Con toda la documentación que apoyaba mis conclusiones, hablé con mi socio a su regreso de las vacaciones, exponiéndole los hechos de una manera tranquila y con la total confianza -iluso de mí- de que se comportaría como la persona honesta y cabal que yo pensaba que era, pero no fue así.

Mi socio eludió cualquier tipo de responsabilidad sobre el caso y me emplazó a que hablara directamente con su mujer y lo solucionáramos entre los dos.

¡Mi sorpresa ante semejante comportamiento fue mayúscula!

La gestión del conflicto

Cuando le expuse la situación a la implicada, en un primer momento lo negó todo pero lo acabó reconociendo, aunque parecía que no era consciente del importe total que había robado.

Yo mantuve siempre una actitud conciliadora, puedo asegurarlo,  porque conocía las circunstancias anómalas que rodeaban a su familia (sobre todo en cuanto a la difícil relación entre padre e hijo), habiendo sido el motivo del robo el poder sostener la única actividad que les unía a los dos: participar en unas competiciones deportivas del ámbito del motor que requerían de un importante capital para realizarlas.

Después de hablarlo civilizadamente, llegamos a un acuerdo por el que la esposa  de mi socio se comprometía a devolver la mayor parte de lo que yo reclamaba pero, evidentemente, la confianza con mi socio y su familia se había roto totalmente, por lo que decidí abandonar la empresa, para lo que debíamos acordar el pago por mis acciones o buscaría a alguien que me las quisiera comprar.

Nuevamente, la reacción de mi socio me dejó completamente helado: ¡él no estaba dispuesto a darme ni un euro por mi parte de la empresa!

Es decir, no solamente no asumió en ningún momento responsabilidad alguna por el robo de su mujer (él no era ningún tonto y debía saber perfectamente que todo aquel dinero no salía de sus sueldos) sino que, además, quería que yo dejara la empresa ¡regalándosela! Además, también me pondría dificultades para encontrar un nuevo socio que quisiera comprar mi parte de las acciones.

Y aquí llega uno de los aprendizajes más importantes que obtuve de aquellas penosas circunstancias, pero unos años después, claro está.

Nunca, nunca, nunca se pueden realizar operaciones mercantiles y/o financieras estando enfadado o por puro orgullo.

Imagen de Christophe Billard en Pixabay

En los negocios no se pueden mezclar las emociones. Siempre se debe mantener la cabeza fría para impedir que la rabia o el dolor ante situaciones injustas, o humillantes, nos puedan nublar la inteligencia y hacer que cometamos errores irreparables.

Ante la posición totalmente irracional de mi socio, e inmoral por lo que a mí respecta, no quise interponer acciones judiciales en las que apareciera el robo protagonizado por su mujer, debido a diversas cuestiones personales, pero me llegué a sentir tan estafado por todos los años en que yo había creído ciegamente en él, tan humillado, que afloró a mi cabeza la potente voz de un ego que ni yo mismo podía reconocer como propio y que me llevó a cometer el que creo fue el mayor error de mi vida hasta aquel momento: le propuse a mi socio comprarle su parte de la empresa para quedármela en solitario.

Este hecho fue el que marcó un antes y un después en mi trayectoria como emprendedor, además de en mi vida personal y familiar, porque mi socio aceptó la propuesta y yo hipotequé la que había sido la vivienda de mi madre, que había puesto a mi nombre recientemente, para realizar la compra de las acciones de mi socio, indemnizar a su hijo, al que debía despedir puesto que no podía confiar en él (cosa que comprobé en propias carnes poco tiempo después de que abandonara la empresa) y realizar alguna pequeña inversión que creía necesaria para continuar trabajando en mejores condiciones.

Aprender de los errores

Invertir el patrimonio familiar en la empresa es una de las “soluciones” financieras más utilizadas por parte de los emprendedores en nuestro país, puesto que es un recurso que se tiene al alcance de la mano y, por ello, pensamos que es la mejor alternativa cuando necesitamos disponer de liquidez, ya sea en los inicios del proyecto o en otras fases de crecimiento del negocio; pero esto no quiere decir que sea realmente una “buena” solución.

Como se verá en próximos artículos, las consecuencias de invertir nuestro patrimonio pueden ser catastróficas, y no solamente a nivel económico sino, lo que es más grave aún, también a nivel personal y familiar.

Soy consciente de que mi particular historia como emprendedor (totalmente verídica, no me cansaré de repetirlo) está rodeada de una serie de circunstancias atípicas que, espero, no se den todas juntas en la mayoría de los proyectos de este estilo, pero estoy seguro de que muchas de las personas emprendedoras que lean estos artículos podrán reconocer algunas de ellas entre sus propias vivencias.

Para acabar este artículo, quiero añadir otra gran enseñanza personal que he extraído de lo vivido en aquella época.

Se trata de no querer formar ninguna otra sociedad con personas con las que mantenga una importante relación personal, como era el caso de mi socio y su familia, a los que me unía una gran amistad forjada en el pasado.

Como ya he dicho antes, creo que los negocios deben separarse lo mejor posible de todo aquello que nos genere importantes  cargas emocionales, ya que estas nos pueden dificultar el mantener la necesaria visión objetiva de todos los aspectos relacionados con la empresa.

Reconozco que hay muchas empresas familiares que funcionan perfectamente, así como sociedades formadas por amigos o cónyuges, y me alegra mucho ver ejemplos de este tipo. Pero lo que podría asegurar es que, la mayoría de las que lo logran, es porque han establecido unos protocolos de actuación muy claros, normalmente por escrito, que definen los límites para cada una de las partes, como si de cualquier otro tipo de socios se tratara.

Y aún así, considero que es fácil en esos casos llegar a situaciones en las que las relaciones personales o familiares puedan sufrir altibajos considerables, con riesgo de rupturas o de quedar seriamente dañadas. Todo dependerá de los intereses reales que tengan cada una de las partes implicadas en el negocio: si se trata de un verdadero proyecto de desarrollo en común o si llega a ser solamente una conjunción de diferentes intereses individuales.

En el próximo artículo mostraré las consecuencias de no haber tenido una buena gestión emocional en mi proyecto de emprendimiento profesional.

¿Me acompañas un paso más hacia el desenlace de esta historia?

Imagen principal de Jiří Rotrekl, en Pixabay, libre de derechos.

 

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