¿”Ver para creer” o “creer para ver”?

Web de Chema Montorio - Mentor Formador y Mediador

¿”Ver para creer” o “creer para ver”?

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

Esta es una pregunta que sigue causando mucha polémica, tanto en el ámbito científico como en el filosófico, sin que se haya encontrado una respuesta suficientemente válida como para que satisfaga a una significativa mayoría de los que se la plantean.

La pregunta que yo hago en este artículo no tiene la misma repercusión filosófica que la anterior pero, a mi parecer, tiene gran importancia a nivel emocional para el ser humano.

¿Por qué?

Pues porque, según sea la frase que demos por válida de las dos, podemos estar condenando a otras personas, o a nosotros mismos, al más absoluto de los fracasos.

Permitidme que os lo explique.

Si pensamos que lo correcto es “Ver para creer” estaremos condicionando el hecho de depositar nuestra confianza en los demás –o nuestra propia autoconfianza- a la demostración palpable de sus capacidades mediante acciones realizadas con éxito; lo cual puede estar muy bien para personas que ya tengan un cierto recorrido en el ámbito en cuestión, sin embargo, esta actitud le cierra las puertas a aquellas que puedan tener un excelente potencial pero que carezcan de experiencia al respecto, lo que les impedirá llegar a tener dicha experiencia.

Por el contrario, cuando el punto de vista se orienta hacia el “Creer para ver”, lo que estamos haciendo es aumentar las oportunidades de aquellas personas que, pudiendo ser muy válidas, precisan de poder practicar para aprender y perfeccionarse. Y no sólo eso sino que, al demostrarles nuestra confianza, estamos alimentando su propia seguridad personal a la hora de desarrollar la tarea que tienen por delante ya que, el hecho de que alguien confíe en ellas, facilita que confíen más en sí mismas.

La explicación para este proceso es la existencia en nuestro cerebro de las neuronas-espejo, responsables de reproducir unas emociones similares a las que está sintiendo la persona que tenemos delante y que, cuando se trata de emociones relacionadas con la confianza, provocan a continuación los pensamientos que facilitan las acciones adecuadas en la línea de demostrar nuestras capacidades y alcanzar los objetivos planteados, aumentando con ello nuestra autoconfianza y generando nuevas acciones en un proceso continuo de retroalimentación de la seguridad personal.

En 1996, el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti y su equipo descubrieron que este tipo de neuronas eran las responsables del mecanismo cerebral de la empatía, ya que no se trata de un simple proceso basado en la imitación de comportamientos sino que, más importante aún, provoca que el individuo haga suyas las emociones que le generan la observación de la otra persona, por lo que se consigue un cambio de comportamiento que “nace de dentro” del propio individuo. Se trata de un mecanismo afectivo, además de cognitivo.

Esta relación causa-efecto es conocida en psicología como “persuasión social” y, más comúnmente, como Efecto Pigmalión.

Respecto a la confianza entre dos personas, creo que queda bastante clara la importancia de tener una actitud basada en la premisa de “Creer para ver” pero ¿y respecto a uno mismo, es decir, a la Autoconfianza?

A mí me parece que, a nivel individual, aún es más importante el hecho de que convirtamos la frase “Creer para ver” en un axioma, en una proposición que no requiera de ninguna justificación para nosotros.

Cuando se trata de la confianza en nosotros mismos, necesitamos aún más CREER primero en nosotros y en nuestras capacidades, para que sepamos utilizar todo nuestro potencial, poder ver resultados y constatar de lo que somos capaces. Sin esa creencia previa, sin esa fe en nosotros, será muy difícil que pasemos a la acción y que podamos demostrar nada, con lo que nuestra autoconfianza y autoestima se verán seriamente perjudicadas.

Nuestro interior SABE de lo que somos capaces y, también, para lo que no estamos suficientemente preparados, por eso, cuando SENTIMOS que podemos hacer algo es porque, realmente, estamos capacitados para ello, sólo necesitamos CREER en nosotros para atrevernos a probarlo y conseguirlo… o no, lo cual querrá decir que necesitábamos de dicha experiencia para aprender algo importante con lo que conseguir algún otro objetivo superior.

Otra cosa distinta es ser totalmente inconscientes respecto de nuestras posibilidades o potencial, y lanzarnos siempre -por sistema- a realizar cualquier tipo de proyectos o de tareas. Eso no es escuchar a nuestro interior sino, simplemente, no estar conectados con él.

“Creer para ver” debería formar parte de nuestro sistema de creencias, tanto para mejorar nuestro impacto en los demás como para facilitarnos la vida a nosotros mismos.

¿Y cómo se consigue esta creencia, si no la tenemos o se nos ha dañado con alguna experiencia negativa al respecto?

Eso será necesario desarrollarlo en otro artículo, vayamos a paso a paso…

Primero, practiquemos el “Creer para ver” con las personas de nuestro alrededor y, si queréis, dejad un comentario con los resultados… para los que aún necesitan “Ver para creer”.

 

4 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo cuando crees, creas. Excelente planteamiento. Cambiar el paradigma, la tierra no es plana.

    Gracias Chema

  2. Alex Casajuana Serrano dice:

    Gran Explicación. No puedo estar más de acuerdo.

    Gracias Chema,

    Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *